
“¿No sabes qué horror?”, me dice una abuela preocupada, “mi nieto de 23 años conoció a una chica, que digo, a una MUJER GRANDE, una veterana, que le entregó su casa, su cama y su cuerpo. Él está enamorado, ella nos trajo regalos, pero a mí no me gusta nada”. Yo trato de tranquilizarla, pienso que en estos tiempos que vivimos los jóvenes se enamoran de mujeres de 50 o 60 y si no vean a Demi Moore.
Pero a lo largo de la conversación descubro que la mencionada “veterana” que preocupa a la tierna anciana no es una mujer de las cinco décadas, sino que tiene 30 años… y entonces la que comienza a preocuparse soy yo. Ya no puedo escuchar nada más y mientras me como la pastrafrola con que me invitó la señora, el eco de la palabra “mujer grande” resuena con el eco agitado del reloj antiage… proage... collage, qué se yo.
Emprendo una cruzada por todas las jóvenes mujeres que rondan los 30 y comienzo a defender a la supuesta malvada que en el final de la conversación era una linda muchacha ginecóloga, que se presentó ante la familia de su nuevo pretendiente con las mejores de las intenciones y con mucho amor para dar. La abuela no quedó muy convencida pero al menos traté de hacerle entender que el amor no tiene edad, aunque a veces tenga fecha de vencimiento.
Este hecho que aquí cuento, no es una golondrina sino que en el verano del amor, muchas aves que tiñen algunas canas, surcan los cielos en compañía de pichones recién salidos del cascarón. Aquí y allá hombres de 23 años forman pareja con esta nueva generación de treintañeras cuya independencia económica las provee de un hogar propio donde pasar veladas románticas, dinero para gastar en vestuario, belleza y gimnasios y la experiencia que ese momento de la vida les (nos da). Para los que en algún lugar de su mente están haciendo una muesca burlona y misógina, les advierto que -si bien muchos de ellos buscan simplemente una aventura sexual y un aprendizaje sensual- las estadísticas muestran que muchas de estas parejas saludan a la vida en el atrio, sellan su pacto de amor en el altar y al ritmo de la marcha nupcial avanzan felices hacia una vida juntos.”Cha chan chan chan”.
Para algunos miembros de las generaciones pasadas (por agua) no comprenden estos enlaces; con el plus de que ven el amenazante reloj biológico de la mujer sonando a un ritmo diferente al del joven casal. Sin embargo las mujeres están decididas a no ser madres hasta que el tic tac maternal no anuncie sus últimas campanadas. La diferencia de edad no se juzga de la misma manera cuando el hombre es mayor, herencia de la vieja escuela machista. Habrá que reflexionar sobre estos cambios sociales en los que las mujeres nos atrevemos a más.
Emprendo una cruzada por todas las jóvenes mujeres que rondan los 30 y comienzo a defender a la supuesta malvada que en el final de la conversación era una linda muchacha ginecóloga, que se presentó ante la familia de su nuevo pretendiente con las mejores de las intenciones y con mucho amor para dar. La abuela no quedó muy convencida pero al menos traté de hacerle entender que el amor no tiene edad, aunque a veces tenga fecha de vencimiento.
Este hecho que aquí cuento, no es una golondrina sino que en el verano del amor, muchas aves que tiñen algunas canas, surcan los cielos en compañía de pichones recién salidos del cascarón. Aquí y allá hombres de 23 años forman pareja con esta nueva generación de treintañeras cuya independencia económica las provee de un hogar propio donde pasar veladas románticas, dinero para gastar en vestuario, belleza y gimnasios y la experiencia que ese momento de la vida les (nos da). Para los que en algún lugar de su mente están haciendo una muesca burlona y misógina, les advierto que -si bien muchos de ellos buscan simplemente una aventura sexual y un aprendizaje sensual- las estadísticas muestran que muchas de estas parejas saludan a la vida en el atrio, sellan su pacto de amor en el altar y al ritmo de la marcha nupcial avanzan felices hacia una vida juntos.”Cha chan chan chan”.
Para algunos miembros de las generaciones pasadas (por agua) no comprenden estos enlaces; con el plus de que ven el amenazante reloj biológico de la mujer sonando a un ritmo diferente al del joven casal. Sin embargo las mujeres están decididas a no ser madres hasta que el tic tac maternal no anuncie sus últimas campanadas. La diferencia de edad no se juzga de la misma manera cuando el hombre es mayor, herencia de la vieja escuela machista. Habrá que reflexionar sobre estos cambios sociales en los que las mujeres nos atrevemos a más.
9 comentarios:
Interesante tu post. Te recomiendo leer http://www.ciegaacitas.com
Que sorpresa ! Blog de Bubu !
Cantidá de slds y nos leemos por aquí y nos cruzamos por el barrio !
cb pica!!!
cb: dos de dulce de leche y un pan con grasa!
Un nuevo post y dos margaritas de crema ?
ahi va uno nuevo, para los que pidennnn
mmmmm... yo tengo 35! sirvo como ejemplo de esta historia? te diré mijita que algo hay entre los 23 masculinos y balzacas en general... será el tamaño?
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