Advertencia

Los personajes aquí mencionados son reales, cualquier semejanza con la fantasía es pura coincidencia.

20.3.11

Encuentros cercanos con ningún tipo




Diario demasiado íntimo de una princesa cansada de besar sapo



Querido diario:
Hace algunos días fui con el Príncipe Azul Marino a tomar zumo de cebada en la Taberna del Cante Jondo. En dicho antro de perdición y encuentros de todo tipo, se daban cita cuatro Reyes Magos, dos Reinas de Corazones Rotos, tres Caballos de Carrera y cinco Sotas de pez Espada.
Debajo de los toneles tres bufones recitaban poemas de García Lorca, al tiempo que se refrescaba del sofocante lorca con un buen tinto de verano servido por García, el her-mozo camarero.
A la medianoche las doce campanas de la Sagrada Familia nos despertó del ensueño alcohólico y anónimo. Con cada repique metálico florecían en la ignota oscuridad hombres lobos, dráculas furtivos y el Jorobado de Notre Dame.
Afortunadamente dentro de esa fauna masculina que transita por la noche no todos son iguales... algunos son peores.


La tormenta arremetía en el bosque que rodeaba la taberna, enmarcando de luces de alto voltaje el cielo nocturno.
Pronto el agua comenzó a ingresar a mares por la puerta del boliche. Mesas, bancos, toneles y bufones, flotaban sobre la superficie acuosa. Con desesperación observé detrás del cristal de las botellas a mi Príncipe Azul Marino convertido en una especie de cetáceo beodo y balbuceante. Dormido sobre el mostrador lanzaba chorros de tinto al aire como un ballenato en celo, emitiendo frecuencias imperceptibles para el oído humano.
Los vampiros rondaban la taberna. El viento jugaba con sus capas, último grito de la moda, temporada invierno del 1600. Sobre la barra del boliche un sapo que papaba moscas me hizo una guiñadita. Quizás la noche no estaba del todo perdida para mí. Tal vez detrás de su aspecto de batracio grasoso se escondía mi verdadero príncipe encantado. Sin embargo, ante el riesgo de un beso psicodélico y sin fines de romance a largo plazo, preferí marcharme de la Taberna del Cante Jondo, entonando por el camino que lleva a Oz, una soleá de Camarón. Leirelelele

2 comentarios:

Rafael Cerrato dijo...

faltan los "corazones espachurraos" Tristes y solitarios que se suelen reunir los jueves en aquellas discotecas donde sonaba la música de los Brincos, los Sirex, Silvie Bartan y los Pekeniques.

Allí, como yo, muchos tuvimos nuesto primer contacto con los abrazos y los besos y....

Gorka dijo...

Enhorabuena por tu clasificación preliminar (blog de humor IV) en los premios Bitácoras (y por el blog, por supuesto), espero que subas muchos puestos. Te deseo mucha suerte. Nos leemos. Un saludo.